Responsabilidad en el Lugar de Trabajo – Noticia de última hora: No se puede entrenar… Es una elección personal

¿Alguna vez has notado cómo la palabra “responsabilidad” en una reunión de equipo suele hacer que todos de repente encuentren su taza de café profundamente fascinante?

La responsabilidad es, sin duda, la cualidad más buscada en cualquier organización, pero también la menos comprendida. La mayoría de las veces se ve arrastrada a una búsqueda de culpas. Piensa en cuántas veces has escuchado a alguien preguntar: “¿Quién es responsable de esto?” como si estuviera buscando a un chivo expiatorio. Aquí está la fascinante verdad: la responsabilidad no se puede entrenar en un aula, ni imponerse desde arriba. Es puramente una decisión personal sobre cómo vivimos nuestras vidas. Es la decisión consciente de cambiar una mentalidad de victima por una empoderada.

En esencia, la responsabilidad es simplemente el deseo de asumir la responsabilidad de tus propios resultados. Es una predisposición natural a la acción y a encontrar soluciones. Es una actitud, un compromiso privado e innegociable contigo mismo. La conclusión es que nuestra interpretación de una situación, nuestro contexto, determina nuestros resultados finales. Mira el clásico ejemplo del vaso: si lo ves medio lleno, esa perspectiva moldea tus resultados para mejor. Si lo ves como medio vacío, esa mentalidad también impactará tus resultados. Nos encanta demostrar que nuestro contexto es correcto, y honestamente, ¡casi siempre lo es! Si sientes que las cartas están en tu contra, puedes reunir fácilmente suficiente evidencia para demostrar que tienes razón.

Así que no te pediré que justifiques tu contexto, porque sé que puedes. En cambio, la pregunta más importante para hacernos a nosotros mismos y a los demás es: ¿Realmente estás obteniendo los resultados que quieres? Si no, ¿cómo podrías ampliar tu contexto para obtener esos resultados? Cuando no somos conscientes de nuestro contexto, es ridículamente fácil caer en una mentalidad de víctima. De repente, otras personas son el problema, la situación es el problema, o el universo mismo está en nuestra contra. Se siente fuera de nuestro control y no es nuestra culpa—¿y adivina qué? ¡Probablemente tenemos razón en muchos de esos detalles!

Por eso los líderes tienen que modelar la responsabilidad todos los días. Ya que no puede ser obligatoria ni enseñada, todos a nuestro alrededor están constantemente observando cómo manejamos la adversidad. Cuando te tocaron malas cartas, la pregunta más poderosa que un líder puede hacer es: “Dado que todas estas cosas son ciertas, ¿qué puedo hacer para obtener un resultado diferente?” Puede que no tengamos opción sobre nuestras circunstancias, pero siempre tenemos elección sobre nuestro contexto.

Tuve que darme ese mismo discurso motivacional una y otra vez cuando empezó la pandemia. Cambiar mi contexto en ese entonces era una batalla constante. Estar aislado y trabajar desde casa era difícil, y mi cerebro seguía cayendo en un ciclo negativo: “¡Esto apesta!” y “¿Por qué está pasando esto?” No es sorpresa que esa mentalidad estuviera

afectando mis resultados diarios. Tuve que cambiar conscientemente mi monólogo interno. Hice el cambio deliberado de “Esto me está pasando a mí” a “Cualquier cambio depende de mí”. Dejé de preguntar “¿Por qué?” y empecé a preguntar “¿Ahora qué?”.

A veces sentimos que la vida nos repartió malas cartas, pero aun así tenemos que jugar la mano que nos tocó. Así que, la próxima vez que te toca una situación muy difícil desde el principio, haz una pausa y mantén una reunión rápida y honesta contigo mismo. Pregúntate: “Dada esta realidad actual—aunque no sea lo que pedí—¿qué puedo hacer para mover esto en otra dirección? ¿Qué puedo aprender aquí? ¿Cómo puedo darle sentido a esta situación?” Encuéntrate contigo mismo con empatía y compasión mientras cambias proactivamente tu perspectiva. Eso es la verdadera responsabilidad en pocas palabras.

Tu siguiente paso:

Piensa en un área de tu trabajo o vida en este momento donde te sientas estancado, frustrado o tentado a culpar a circunstancias externas. Tómate cinco minutos hoy para preguntarte: “¿Cuál es una pequeña acción que puedo tomar ahora mismo para llevar esto en una mejor dirección?” Escríbelo, comprométete y da ese paso hoy.